El Juego de la huerta

EL JUEGO DE LA HUERTA, DIVERSIÓN Y APRENDIZAJE

 

El juego de la huerta es un juego en el que puedes aprender y divertirte en familia o con tus amistades. Es un juego educativo, en el que se pone en valor la figura del agricultor/a, pero además es un juego de estrategia donde el que mejor que juegue con los conceptos básicos de la agricultura ecológica, será el ganador y el primero en recoger su cosecha.

OBJETIVO DEL JUEGO

Conviértete en el mejor agricultor/a y sé el primero en conseguir una cosecha. Pero cuidado, no será fácil,  puesto que los animalillos del huerto, la falta de recursos o un robo pueden impedírtelo. ¿Quién dijo que el trabajo del campo fuera fácil?

CONTENIDO Y EDAD RECOMENDADA:

El juego de la huerta consta de 72 cartas, 80 tarjetas y 6 huertos, está recomendado para 2-6 jugadores a partir de 6 años y además incluye otro juego, un memo de hortalizas.

 

NUESTROS PERSONAJES SE PRESENTAN

 

 

¡Hola! Soy Eva, vivo en Horta Sud, soy bióloga y agricultora en ecológico.

Me apasiona ser agricultora, a pesar de que el trabajo en la Huerta es muy duro, siempre tengo cosas que hacer, pero eso yo ya lo sabía porque mis padres eran agricultores y siempre madrugaban mucho para ir a la Tira de Contar a vender sus hortalizas. Aunque yo también me levanto muy temprano todos los días, especialmente en verano cuando hace más calor y hay que aprovechar las horas con menos sol para trabajar, me encanta mi trabajo.

El día que más disfruto es el martes porque es día de riego. Yo continúo regando a la manera tradicional, utilizando el agua de la acequia de Favara, como hicieron mis padres y mis abuelos. El agua es un bien escaso, un recurso natural importantísimo que no debemos desperdiciar.  Sin agua las plantas no pueden sobrevivir, por eso es tan importante y  tengo que estar muy atenta a cuando llega el agua por la acequia.

Me encantan los animales y como trabajo al aire libre puedo pasar mucho tiempo con mi perro Boro. Es un perro pastor y es el encargado de recoger las gallinas para volver a meterlas en el corral. Tener gallinas me viene muy bien, se comen las malas hierbas y me dan huevos. ¡Aquí no se tira nada!

Pero además, en la huerta vivimos rodeados de insectos y otros animales. Todos los animales son beneficiosos de una manera o de otra porque nos ayudan a preservar la biodiversidad y aunque algunos son un poco “bichos” porque nos pueden estropear la cosecha, otros nos pueden ayudar a protegerla. Por eso, el año pasado construí mi propio hotel para insectos, porque tener la huerta llena de estos animalitos beneficiosos ayuda a proteger los cultivos y a reducir el uso de pesticidas y abonos químicos contaminantes.

Mi sueño es que mi huerta sea totalmente sostenible; todos los días trabajo y me esfuerzo para ir mejorando en esa dirección ¿Queréis que os cuente cómo lo estoy consiguiendo?

 

 

¡Hola! Soy Miguel Ángel, vivo en l’Horta Nord, desde hace cinco años soy agricultor en ecológico y me dedico a vender mis hortalizas.

Cuando era pequeño no me gustaban las verduras. En mi casa, mi plato de espinacas podía estar dando vueltas tres días, nunca me las comía. Ahora ya me las como y he descubierto lo bueno que es llevar una dieta equilibrada y saludable, por eso vendo mis hortalizas, para que todo el mundo pueda acceder a una alimentación adecuada a un precio justo.

Me siento orgullo de mi proyecto, produzco alimentos de calidad, utilizando los recursos naturales de una forma sostenible y causando el menor impacto en el medioambiente. La sabiduría de la agricultura tradicional y mi curiosidad me han llevado a explorar formas más respetuosas de trabajar la tierra, aprovechando todos los recursos a mi alcance, utilizo el estiércol de los caballos de mi vecino como abono, cenizas de la estufa para algunos cultivos como los ajos etc, pero de lo que más orgulloso me siento es de mi compostera. La he construido yo mismo y ya no dependo de nadie para conseguir el mejor abono para la tierra. ¿Queréis que os cuente cómo lo hago?